VÍCTOR CORRALES / ESCRITOR

Escribo novelas.
Aunque yo prefiero pensar que construyo historias.

Soy Víctor Corrales.

Retrato de Víctor Corrales, con camisa de cuadros, en una librería.

Me interesan las personas, las decisiones que toman y las preguntas que aparecen cuando ninguna respuesta termina de encajar.

Por eso puedo acabar escribiendo sobre una mujer entre los tercios de Flandes, una inteligencia artificial en un mundo destruido, una mujer enfadada con su propia vida o un hombre que escucha una voz que sabe lo que va a hacer antes que él.

Cambio mucho de mundo.

Supongo que porque sigo buscando las mismas cosas.

02 / EL PRINCIPIO

Durante mucho tiempo, para mí los libros eran deberes.

Leer pertenecía al mismo universo que hacer ejercicios, estudiar un tema o entregar un trabajo el lunes.

Con menos de quince años me gasté parte de la paga que mis padres me daban por hacer tareas de casa en un libro que tenía un dragón en la portada: “La Leyenda de Huma”.

Lo empecé y abandoné unas diez veces.

Años después comencé a ir a la universidad en tren. En aquellas líneas del sur de Madrid no recuerdo a demasiada gente sacando un libro durante el trayecto, así que yo lo hacía incluso con cierto pudor.

Y allí, en esos viajes, ocurrió algo bastante inoportuno: descubrí que leer me encantaba.

Escribir había llegado antes. Inventaba relatos sobre mis amigos y sobre aventuras que nunca habíamos vivido. Probablemente porque nuestra vida real me parecía demasiado normal y alguien tenía que hacer algo al respecto.

Tiempo después presenté un relato llamado “La Luz” a un concurso de la Cadena SER. Quedó finalista.

Recuerdo pensar:

«Eh. Quizá esto no se me dé tan mal».

Después vinieron novelas empezadas, relatos abandonados, ideas apuntadas y muchos años diciéndome que no tenía tiempo para escribir.

Era mentira, aunque tardé bastante en admitirlo.

03 / EL MÉTODO

Me gusta más “constructor de historias” que “escritor”.

Un constructor coge piezas que ya existen, fabrica algunas nuevas con ellas y trata de unirlas hasta conseguir algo que antes no estaba ahí.

Así trabajo.

Empiezo con una idea. Después vienen esquemas. Muchos esquemas. Investigo, construyo personajes, mundo, estructura, capítulos y escenas. Desmonto tanto la historia que llega un momento en el que ya no tengo que “escribir una novela”. Solo tengo que construir la siguiente pieza.

Después escribo el primer borrador.

Suele ser bastante malo.

Eso es una liberación.

Porque entonces desaparece la obligación de crear algo grandioso y empieza el trabajo de verdad: revisar, cambiar, quitar, reconstruir, enseñar, escuchar y volver a revisar.

Haber trabajado durante años con tecnología y producto probablemente tenga bastante culpa. De ahí me llevé los procesos, la iteración, el feedback, el aprendizaje continuo y una cierta obsesión por poner siempre a las personas en el centro.

También aprendí algo que intento recordar cuando me entra la tentación de no terminar nunca nada:

“hecho suele ser bastante más útil que perfecto.”

Víctor Corrales lee El Síndrome del Narrador sentado en un sillón.

04 / POR QUÉ ESCRIBO

Una historia tiene que entrar primero por el placer.

Me gusta pensar en aquellas historias que se contaban alrededor del fuego. Había espectáculo, interpretación, emoción. Y había también algo que se quedaba trabajando dentro cuando el relato terminaba.

Eso busco cuando escribo.

Si una novela solo entretiene, puede desaparecer cuando cierras el libro. Si necesita que el lector haga un máster para disfrutarla, hemos perdido por el camino una de las razones por las que contamos historias.

Quiero las dos cosas.

El niño que quiere saber qué ocurre en la página siguiente y el adulto que, dos días después, sigue pensando en una pregunta.

Por eso mis novelas pueden parecer tan diferentes.

El género es el vehículo. Lo que me interesa está debajo: qué nos define, qué nos da sentido, por qué elegimos una cosa y no otra, quiénes somos cuando alguien —o nosotros mismos— intenta decidirlo por nosotros.

“Escribo para entretener primero y dejarte pensando después.”

Las respuestas, si aparecen, prefiero que sean tuyas.

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05 / LAS IDEAS

Las ideas suelen aparecer cuando dos cosas que no tienen nada que ver deciden llevarse bien.

Veo algo. Leo algo. Escucho una conversación. Mi cabeza lo conecta con otra cosa que estaba varios kilómetros más allá y aparece un «¿y si…?».

La mayoría de esas conexiones son absurdas.

Algunas consiguen secuestrarme el tiempo suficiente como para que tenga que apuntarlas.

Si alguna vez estás hablando conmigo y me quedo mirando aproximadamente hacia tu nuca, puede que siga escuchándote. O puede que me haya ido un momento a un mundo que todavía no existe.

Durante una época llegué a tener rotuladores para apuntar ideas en los azulejos mientras me duchaba.

Abandoné el sistema cuando la factura del agua y mi conciencia medioambiental empezaron a discutir conmigo.

Veo las novelas casi enteras en imágenes, como secuencias de una película. Quizá tenga que ver con que dibujo desde que tengo memoria y durante años quise ser dibujante de cómic americano.

Esa puerta sigue ahí.

La música también entra en el proceso. Cada novela acaba teniendo una canción que pertenece de alguna manera a su esencia y que, a veces, termina escondida dentro del propio libro.

Y sí: en algún momento he imaginado viajar a lomos de un dragón subido a la grupa de un pegaso que monta sobre una hormiga llamada Ant-onio.

No todas las ideas llegan a novela.

Afortunadamente.

Víctor Corrales conversa con las manos mientras está sentado en un sillón rodeado de libros.

06 / FUERA DE LAS PÁGINAS

Hay cosas que ordenan todo lo demás.

Con los años he ido aprendiendo a prestar más atención a lo que permanece cuando dejamos de correr.

Mi pareja y mis hijos son el centro de mi vida. Mi hermana pequeña es bibliotecaria y compartimos el amor por los libros, algo que habría resultado bastante gracioso contarle al niño que abandonaba “La Leyenda de Huma” por décima vez.

Mi padre murió a principios de 2026.

Recuerdo que mi hermana le leyó el final de «Bajo el hábito, la espada». Lo tenía a medio leer en el Kindle. Mi madre le sujetaba la mano. Supongo que todavía no se la hemos soltado del todo.

Su muerte me conectó de una manera mucho más directa con lo efímero. Con dedicar menos tiempo a conseguir que todo salga perfecto y más a estar presente mientras ocurre.

Curiosamente, desde entonces escribo más.

Víctor Corrales con americana y camisa de rayas en una librería.

También la espiritualidad ha ido ocupando cada vez más espacio en mi manera de mirar las cosas. No porque haya encontrado todas las respuestas —sería bastante decepcionante para alguien que vive de hacerse preguntas— sino porque me ayuda a regresar antes a la paz.

Hay una idea que intento recordar especialmente cuando aparecen los conflictos:

“prefiero tener paz a tener razón.”

Y luego está Cádiz.

Sol, gente, comida, playa, caminar descalzo y una forma de vivir que se convirtió sorprendentemente rápido en parte de mí.

Hablo muchísimo. Tengo una extraña facilidad para acabar en el centro de una conversación y una capacidad igualmente grande para querer escapar después hacia el silencio.

Necesito ambas cosas.

Las personas me dan historias.

La soledad me da el espacio para escucharlas.

07 / CONVERSACIÓN

¿Nos tomamos un café?

Una de las cosas que más disfruto es conocer a alguien y empezar a hacer preguntas.

Qué hace. Qué le importa. Cómo ha llegado hasta ahí. Por qué tomó aquella decisión y no la otra.

Así que si has llegado hasta aquí y algo de lo que has leído te ha hecho pensar, discrepar, recordar algo o simplemente te apetece saludar, escríbeme.

Prometo intentar no convertir la conversación en material para una novela.

Intentar.

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